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sábado, agosto 9

¿Cómo se alimenta el corazón?

Es la pregunta que forma parte del título de un artículo escrito por una amiga, el cual fue publicado en Almudi.org recientemente. Este fin de semana hago eco de la página que acabo de conocer, del escrito que mi amiga me invitó a leer y reproduzco algunas de sus partes:

...¿cómo agrandar diariamente el corazón?¿de qué se alimenta? Sabemos que la inteligencia crece mediante el conocimiento, y que la voluntad se robustece mediante la repetición de actos buenos y libres. El corazón crece cuando ama, pero ¿en qué consiste exactamente amar? Si nos concentramos en la dimensión interior del acto de amar, podemos decir que amar es, principalmente, recordar. El amor interior se ejercita mediante un acto de la memoria. De hecho, la palabra recordar viene del latín re-cordaris y significa literalmente "hacer presente de nuevo en el corazón", tener presente continuamente aquello que amamos…

...el hombre de hoy, saturado de malas noticias y continuamente expuesto a los sufrimientos que padecen tantas personas en el Mundo, encuentra dificultades para recordar cosas buenas y agradables; y por ello puede que experimente un fuerte deseo de limpiar su memoria de recuerdos tristes. Con mucho más motivo, aquellos que han experimentado en su propia vida un dolor fuerte, buscan una explicación que sane sus corazones y que les permita alcanzar un poco de felicidad y serenidad frente al dolor…

…El corazón se adecua al tamaño y a las exigencias de lo que ama, se pone a su nivel. Si es algo inferior al hombre, el corazón se hace pequeño y mezquino, porque no le exige grandes esfuerzos de conocimiento y de sacrificio personal. En cambio, cuando lo amado es igual o superior al hombre, el corazón se agranda y se hace fuerte, como lo experimentó Victor Frankl. El corazón empequeñecido se suele identificar con el hombre egoísta, que ha reducido su capacidad de mirar el mundo que le rodea, con su belleza y con sus problemas, porque permanece encerrado en sí mismo, encadenado a un amor que le reduce en su capacidad de entrega y de amor. Más adelante volveremos sobre este punto cuando tratemos de las obsesiones y los apegos…

…Si bien las injusticias sociales y la marginalidad tienden a hacernos reaccionar y decir ¡cómo es posible que estas cosas estén sucediendo en el Mundo!, no siempre reflexionamos acerca de la relación que pueden tener con el egoísmo personal, con la falta de corazón…

…El filósofo Pascal hablaba de las "razones del corazón" refiriéndose, quizá, a esas ideas a las que el corazón se aferra ciegamente, y que le hacen excluir otras razones que su propia inteligencia o el buen consejo de las personas queridas le intentan mostrar. También se usa con frecuencia la expresión "el amor es ciego" para ilustrar que una vez que el corazón ha escogido un objeto de contemplación y amor, se le hace difícil desprenderse de él y juzgar sobre la conveniencia de ese querer. Sin duda el principal peligro del corazón consiste en la tendencia a los apegamientos…

ARTÍCULO COMPLETO: Memoria y amor interior: ¿cómo se alimenta el corazón?

jueves, julio 24

Nada más que...

5 AM. Leo a José Ramón Ayllón (En torno al hombre) y, mientras me acerca al problema de la especialización, me habla de cientificismo, antropologismo, biologismo, psicologismo,… en fin, no sólo de ese sufijo (“ismo”) que es necesario añadir a palabras como las anteriores para denotar la presencia de lo que él suele llamar una “deformación profesional típica” que se da en los especialistas, sino más bien de esa maña que estos sufren al “considerar que aquello que no se puede obtener con su método científico no es real”. Igualmente, Jacinto Choza advierte que “cada especialista, después de mucho tiempo de trabajo con un determinado método de investigación, tiende a pensar que la esencia del fenómeno estudiado es la que puede establecerse desde su posición metodológica”.

Por mi parte, al momento de leer y comprender estas ideas, no puedo evitar asociarlas con mi carrera: el periodismo, porque en primer lugar y aunque parezca tonto, noto la presencia del citado sufijo, sin embargo, en este caso la palabra lo contiene por naturaleza y no para indicar el mencionado “error” en el cual caen algunos especialistas. Luego, pienso en otros detalles y me planteo estas preguntas: ¿es posible que un periodista caiga en este tipo de errores?, ¿cómo llamar al periodismo si rayara en el vicio de la expresión “nada más que”, pretendiendo saberlo todo?. Y empiezo a contestarme…

Ante todo, es obvio que Ayllón plantea el tema en torno a las ciencias más que a las profesiones en sí, pero a mi modo de ver, claro que esto no quiere decir que un ingeniero no pueda pensar que todo es cuestión de ingeniería o que un artista crea que la vida se trata sólo de arte, cegándose cada uno con su especialidad ante los diversos elementos y realidades que comprenden la compleja realidad misma. Es decir, ni ellos ni los periodistas estamos exentos de caer en el reduccionismo. Pero aún así, me cuesta manejar la idea de un periodista que se cierra ante la complejidad de un mundo cada vez más complejo, que no sólo se complica cada día más, sino que se descubre a sí mismo o nosotros lo hacemos, pasmándonos ante lo descubierto.

Particularmente, creo que el periodismo es una profesión de dilemas, entre estos está el de si un periodista debe “saber de todo” o concentrarse sólo en una parcela de la realidad, es decir “especializarse”. En esta onda recuerdo muy bien que en una clase de producción y dirección de medios de comunicación, la profesora me hizo ver con bastante claridad que los periodistas no pueden considerarse unos “sabelotodo”, porque es obvia la imposibilidad de tal supuesto, pero no es extraño encontrarnos con una gran cantidad de personas que piensan lo contrario y además, añaden los factores tiempo y espacio, pues no sólo se cree que lo sabemos todo, sino que también en todo momento y en todo lugar.

Pienso que, evidentemente, esto forma parte de un ideal -entre tantos- que se ha formado del periodista, pues no podemos saberlo todo y mucho menos creer que “nada más” aquello conocido desde el periodismo es valedero y lo explica todo. Pero existe un diferencia entre “saberlo todo” y “saber de todo”, pues pienso que en el primer caso se trata de un intento de absolutización del saber y en el otro del conocimiento amplio y variado que una persona pueda poseer sobre todo. Sin embargo, tampoco es posible saber de todo, pero hasta cierto punto creo que es más viable y más realista que lo otro, pues el segundo caso se refiere más a saber de todo un poco, lo cual considero necesario en un periodista, aunque se especialice en una fuente o aspecto informativo, por lo que explicaba antes: una comprensión más o menos holística del mundo es precisa para conocerlo y más aún para darlo a conocer, incluso si sólo se quiere informar sobre un aspecto en concreto.

Para Carlos Soria, “el periodista es por definición el buscador y difusor de las verdades, el que investiga, conoce y transmite a los demás la realidad -una parte de la realidad- del mundo”. Pero con “una parte de la realidad del mundo”, él no se refiere a que es necesario especializarse, sino a que “no es posible conocer todo lo que sucede a nuestro alrededor…”. No obstante, algunas personas creen que es de mediocres quedarse en lo de todo un poco, pues lo entienden como abarcar mucho y apretar poco. En cierta forma puede parecer que esto es así, sin embargo también podemos pensar que el “abarcar mucho” se refiere a saber sólo de una cuestión en particular y quien se especializa, posiblemente sí conoce más sobre el objeto de su especialidad, pero qué de lo demás.

En todo caso, no se puede valorar la calidad del saber según la cantidad de conocimiento o creer que porque alguien se concentra en una parte del todo sabe más de este que quien no lo hace, ni viceversa. Particularmente, pienso que en el fondo, la cuestión de si se es especialista o no, radica en qué tan profundo se es en eso que se intenta comprender y en cierta forma dominar mejor, pero sobre todo en evitar el reduccionismo.