
Señoras y señoritas: Permítanme decirles que vivir por una pieza de ropa, vivir por un cuerpo que según Osmel Sousa es “perfecto”, vivir con una galleta de soda al día, no es vida. Honestamente, me duele ver a amigas y conocidas, mujeres bastante cercanas a mí, la mayor parte del tiempo, cada día, preocupadas por un caucho, por la fulana piel de naranja, por la minifalda que no luce con tobillos anchos y otras tonterías más.
¿Cuándo dejaron de pensar en lo que valen?, ¿en qué momento se les olvidó que son gente no porque tiene un cuerpazo, que de paso, no es más que un simple modelo social?, ¿desde cuando perdieron la personalidad? Ahora Vanidades piensa por ustedes, y lo que diga la del programa de Onda (Barquisimeto) en las mañanas también. No me molesta que se trate el tema, porque no es tanto lo absurdo, sino lo seguido.
Hace poco un amigo me preguntaba que de dónde nacen los complejos. Pienso que la mayor parte de las veces son producto de una baja autoestima, pero también es culpa de los modelos que la sociedad ha establecido casi en forma de masoquismo, como “perfectos”. A veces la excusa es la salud, pero la salud mental también cuenta, y no me parece nada saludable vivir traumatizada porque la cintura te mide 67 y no 60 o porque tienes pechos pequeños o porque no puedes vestirte con las mismas prendas (vulgares) de la Hilton.
¿Es que ya no cuentan otras cosas que nos hacen espectaculares?, ya no cuentan las ideas, ya no cuenta las palabras, ya no cuentan los valores, ya no cuentan las virtudes. Lo más paradójico es que luego de someterse a terribles torturas por lucir, sólo eso, lucir un cuerpo a menudo reducido a pedazo de algo… se quejan porque las tratan mal, porque no toman en cuenta sus sentimientos, porque las utilizan. Es lamentable, pero tiene sentido. Cómo no te va a utilizar si tu conducta le hace pensar y percibir un cuerpo, un algo y no una persona.
Yo también fui víctima de esas idioteces, de esas malditas ideas que embasuran a las personas, en especial a las mujeres. Pero hay que sincerarse, hay que mirarse al espejo y decirse… soy así: no las tengo de silicona, no tengo las piernas, la nariz, la boca, los ojos, y todo el cuerpo como Osmel quiere que lo tenga, pero soy generosa, soy amable, soy amorosa, no soy egoísta, soy divertida, soy mucho más que el reflejo de una imagen, no soy un espejismo, soy una persona.

Lo peor es que junto con la idea de mujer perfecta=cuerpo perfecto, la psique se llena de inseguridades, de amarguras. Algunas tienen la fuerza suficiente para vivir así y fingir que son felices, otras simplemente nunca han sabido ser felices de otra manera, pero aún existen las que no están dispuestas a sacrificar el chocolate que tanto les gusta para verse como Gaby Espino.
Además, también es un error pensar que todas estas chicas hermosas de portada y campañas de belleza, son así porque viven atendiendo sólo su cuerpo. Nada que ver, algunas nacieron agraciadas en ese aspecto y lo explotan al máximo. A veces, incluso, pasa que no las valoran como son sino por el bikini que se ponen. Nada es perfecto. ¿Y tú?, ¿Cuál es tu talento?, ¿dónde está tu gracia?...
Por último, una vieja frase: los extremos no son buenos. Exactamente, no porque te preocupes por tu salud, comiendo bien y ejercitándote eres una obsesiva de la figura, pero procura no engañarte. También reconoce que cuidarse es quererse, y que hoy en día el bombardeo mediático exige más cuidado psicológico que físico. Cuando alguien te trate mal y te tome por pedazo de algo, enséñale por qué se equivoca: recuérdale que no eres un pedazo de carne, que vales mucho más que una prótesis de senos y que tu 90-60-90 está en el alma.